En los años noventa el
programa Dínamo de X FM tenía una sección que se llamaba ‘Perdedores pop’, en
ella se presentaban algunas bandas o músicos que por alguna razón no habían
conseguido el éxito merecido. No recuerdo quienes formaron parte de ese
espacio, solo recuerdo quien abrió el segmento: Otis Redding, polémica elección
(aunque compartida), porque el dios de ébano murió poco después de grabar ‘The
Dock Of The Bay’, y no conoció la canción terminada, ni el éxito que la canción
logró internacionalmente que lo hubiera convertido en un artista global en
vida. De esos casos, me viene a la mente Big Star como grandes perdedores, con
un sonido que tenía todo para llenar estadios. Pero no quiero referirme a
perdedores, quiero referirme al triunfo inesperado de Corin Tucker, que si
fuera por su voz ya tendría todas las credenciales para ser destacada. Ésta
mujer integra Sleater-Kinney, una banda incendiaria que en 2015 volvió para que
le devuelvan lo que le pertenece y aún más. A finales del año pasado, la
noticia me invadió y me llenó de alegría, ya que mi fanatismo por la banda se
acrecentó casi en el momento en el que se separaban.
